El Castillo de Chinchilla

 

 

          Chinchilla de Montearagón y su castillo están situados en un importante cruce de caminos desde la antigüedad . Forma parte de una ruta de castillos que transcurre por un corredor natural que une el sureste y levante con el centro peninsular y Andalucía. Reutilizado hoy en día, por él transcurre la red de carreteras nacional, N-430 y A-31 (autovía de Levante), que permite tener a pie de autovía una serie de castillos y etapas históricas muestra de nuestro rico pasado histórico. Contemplar, visitar o pernoctar en estos castillos restaurados sería un importante recurso sostenible de promoción y desarrollo rural como incentivo al turismo de interior. Algunos ejemplos de estos son, el castillo de Albanllana en Uclés (CU), la ciudad romana de Segóbriga en Saelices (CU), el Castillo de Garcimuñoz (N-III, segunda mitad siglo XV, en restauración), el Torreón de Cervera del Llano (siglo XVII, CU), castillo de Honrrubia (CU), castillo de Chinchilla de Montearagón, castillo de Almansa (N-IV, del siglo XIV, AB), castillos de Sax (siglo XII, A), Villena (A), Elda (A), Petrel (A), Novelda (A), Alicante (castillo de Santa Bárbara), Castillo de Montesa (V), castillo y murallas de Játiva (V), todos ellos adornan el viaje por las autovías mostrando nuestro patrimonio cultural.

          Como precedentes de una restauración exhaustiva en castillos de Castilla - La Mancha desde casi sus cimientos se podrían citar los castillos o fortalezas de Alcalá del Júcar y el de Sigüenza en Guadalajara, actualmente Parador Nacional, e incluso el palacio del Alcázar de Toledo. Desde aquí nos atrevemos a formar parte del proyecto de restauración y posible ubicación de un parador nacional en el castillo de Chinchilla, ya que al parecer la norma legal dice que la red de Paradores nacionales se ubiquen en monumentos de carácter histórico-artístico, abandonando aquellos que no cumplan dicha normativa. Algunos precedentes que no cumplían esta norma se privatizaron excluyéndolos de la red de paradores nacionales, como por ejemplo el de Jávea (Valencia), etc... La JCCM, la Diputación Provincial de Albacete y el Ayuntamiento de Chinchilla de Montearagón no deberían permitir, si esto se diese, que Albacete saliese de la red de Paradores, perdiendo su carácter de proyección turística y comercial ; así como poner todo el empeño posible para la reconstrucción de su Torre del Homenaje.

          Chinchilla de Montearagón fue un emplazamiento ibérico y más tarde romano (Saltigi), ocupado posteriormente por los visigodos, los árabes lo conquistaron denominando a esta plaza 'Ghenghalet'. Como medina, ciudad amurallada islámica, aprovechó un núcleo hispanorromano preexistente construyendo la alcazaba y fortaleza en el barrio de San Julián o plaza alta, y la mezquita, en el actual convento de Santa Ana. Aunque prefiriendo estas ciudades fortificadas la planta regular, en nuestro caso se adaptó al terreno, presentando torres rectangulares que apenas sobresalían de la muralla, visibles aún en las cuevas del Agujero.
         

          Xerif Al-Edrisi (1099-1166), realizó una descripción breve pero interesante del país de Tudmir donde se encontraba Chinchilla "... villa murada, rodeada de huertos y con inexpugnable castillo...". Al-Abbar (siglo XII), geógrafo y político valenciano de origen musulmán, cita la medina de Chinchilla donde destacaba su Alcazaba. Entre los siglos XII y XIII, el erudito Yaqut en su obra Mu'Yam Al Buldan o Diccionario de los países, concedió un lugar destacado a la región o país de Tudmir donde al describir las poblaciones más relevantes del sector, Chinchilla aparece como patria de ilustres hombres de letras, juristas y estudiosos de la tradición coránica. Otro cronista bajo-medieval, Al-Himyari, al describir los parajes albaceteños se detuvo en nuestra Chinchilla para ensalzar la fortaleza de su alcazaba, que sirvió de prisión entre otros a Abd-al-Rahmán y Al-Hintati (visir de Almanzor). Será en época de Taifas y de invasiones africanas (almorávides y almohades), cuando a cambio de su pérdida de tranquilidad y prosperidad económica adquiera importancia estratégica y militar (siglos XI-XIII). Los edificios que destacaban en esta época eran la mezquita (posteriormente Iglesia de Santa Catalina y Convento de Santa Ana de MM. dominicas), donde todavía en el siglo XVI, se tenía en pie el minarete, y el alcázar, en la zona más próxima al Castillo, en lo que hoy es la Iglesia del Salvador o San Julián. Estas dos zonas contaron con murallas independientes, de las que aún quedan restos visibles. Una muralla circundaba todo el conjunto de la ciudad con una o dos puertas, posteriormente reutilizadas, la principal era la Puerta Herrada o de Las Torres. También los baños, que aparecen en la documentación cristiana del siglo XIII, que catalogados como árabes, hay que abrir la posibilidad defendida por expertos de su origen judío, ya que se encontraba en plena aljama. El castillo de Chinchilla también fue citado en la obra del geógrafo e historiador musulmán Abu Abd Muhammad Ibn Abd al-Mun'im al-Himyari, quien recopiló noticias diversas de contenido geográfico e histórico en una obra compuesta en el año 1461 C., a la que tituló: "El Libro del jardín perfumado sobre las noticias de los países" .
De la influencia árabe quedaron en el recinto fortificado elementos defensivos diversos, como las entradas en codo, con recorridos entre varias puertas sucesivas que obligaban a giros de 90 grados, las torres albarranas, construidas exentas al exterior del recinto y unidas algunas de ellas a éste por puentes o arcos, hoy todavía quedan restos de la antigua puerta Herrada, construida sobre dos torreones exentos en el Pilar o Escurrizo, y las 'corachas', entendidas estas, bien como galerías subterráneas que comunicaban con tomas de agua o pozos, o bien como líneas de murallas que conectaban con torres alejadas del recinto, que cumplían la misión de aguada o control, en Chinchilla todavía existen varias corachas en la zona de Patios Altos. En época del Califato de Córdoba, a finales del siglo X, se desarrollaron complejos sistemas defensivos en los que se incluían ciudades fortificadas, castillos de guarnición y torres de vigilancia, que enlazaban visualmente estas fortificaciones entre sí -paraje de los Castillejos en la sierra procomunal chinchillana-, que protegían los caminos militares en esta zona de fronteras. Hasta mediados del siglo XIV se fusionaron las fortificaciones islámicas y cristianas con la construcción de torres albarranas y corachas o sistemas de aljibes de técnica musulmana, construidos la mayoría de las veces por alarifes mudéjares.

          No restan vestigios en el castillo de la fortaleza musulmana, ni del primer castillo cristiano, pues el actual es del siglo XV. En 1449, adquirió la fortaleza Juan Pacheco, maestre de Santiago y marqués de Villena, quien reconstruyó los desmochados muros del antiguo castillo, dándole el empaque y la forma que aún hoy vemos en la altura.

          En el castillo se organizó la vida en torno al patio de armas, y se construyó una gran torre a la manera centroeuropea, en él se concentraba toda la carga simbólica del acto de pleitesía entre el rey o el señor y sus vasallos, de ahí que recibieran en España el significativo nombre de Torre del Homenaje. La ostentación en la arquitectura militar, llevó a que Juan Pacheco, marqués de Villena, rematara la espléndida torre con parapetos volados sobre matacanes y la torre del Homenaje asumió un uso residencial. Cuando la artillería hizo su aparición, la fortaleza se rodeó de un profundo foso tallado en la misma piedra, con torreones de planta circular, en los que se abrían numerosas bocas de tiro o troneras. Emplazado en un cerro que domina la llanura, era sitio fuerte, difícil de atacar por ser el cerro abrupto, podía ser defendido con poca gente al tener un gran foso a la redonda, excavado en la roca viva, que aumentaba la altura de sus ya elevados muros, a él se accedía por puentes levadizos.

          En la Guerra del Marquesado y los cercos del castillo (1476) , la violencia llegó a Chinchilla, dividida en dos bandos, a favor y en contra del marqués, entre los marquesinos se encontraba Alonso de Requena y como miembros de la oligarquía rebelde, los Soriano, De la Mota y Gascón. Las fuerzas del marqués se guarnecieron en la fortaleza, fueron encabezadas por el alcaide, García de Pallarés y Tristán Daza. Las negociaciones entre el marqués y los reyes se abrieron, firmándose el 11 de Septiembre un acuerdo por el que la fortaleza quedaba en tercería. Los chinchillanos, habían pedido a la reina que la fortaleza fuera arrasada, con el fin de verse libres de futuros problemas, ya que seguía siendo un peligro contra la misma ciudad, pero la reina se negó a la destrucción del castillo. Tras correr el rumor, de que Diego López Pacheco, mantenía conversaciones de trato con el rey de Portugal, Fernando de Frías, reunió gentes de guerra y puso en asedio de nuevo a la fortaleza chinchillana. La fortaleza quedaba en tercería de nuevo con un nuevo alcaide, el capitán Pedro Verástegui (señor de Hontalvilla y Alpera), caballero de confianza del marqués.

          La muerte del rey Juan II de Aragón, padre del rey Fernando, que realizaba el papel de moderador en la contienda con el marqués, hizo que la reina Isabel diera instrucciones para la guerra total contra el señor de Villena. Ocupada Chinchilla de nuevo por los reales, el 26 de Marzo de 1479, envió el rey Fernando a dos capitanes para ocupar la fortaleza de gran valor estratégico, Pedro Ruiz de Alarcón y Luis Navarro de Navarra, que apoyados por Jorge Manrique, batallaron contra el marqués. La habilidad diplomática del capitán, Pedro Baeza, hizo que su señor firmase una capitulación honrosa aunque dura, en Belmonte el 1480. La ciudad de Chinchilla quedaba para la corona, la fortaleza quedaría en tercería con Gutierre de Cárdenas a la cabeza. El más famoso de sus huéspedes, fue César Borgia, hermano de Lucrecia e hijo predilecto del Papa Alejandro VI, a quien el Gran Capitán trajo preso a España, en 1504, por orden de Fernando el católico; teniendo un fuerte altercado con su alcaide, Gabriel de Guzmán. El duque valentino, intentó sobornar al alcaide para conseguir la libertad, pero fue en vano.

          El castillo todavía en el siglo XVII conservaba muchos de los aposentos interiores como salas, caballerizas, capilla, cocina, etc... pero todo bastante arruinado, destacaba la gran torre del Homenaje, aunque ya por entonces el corregidor opinaba que debía restaurarse. Tras la muerte de Carlos II, en 1700, el Consejo de Estado propuso como sucesor a Felipe de Anjou (Felipe V), tutelado por Luis XIV, provocando el inicio de la Guerra de Sucesión (1705). Así Chinchilla se consideró amenazada de sus correrías e invasiones y manifestó su adhesión a Felipe V acordando su concejo poner la ciudad en estado de defensa y aún de ofensiva, preparando el castillo y abasteciéndolo, se restauraron así mismo las murallas de la población y se cerraron sus puertas, excepto dos. En el año 1707, el Marqués das Minas, general del ejército austro-anglo-holando-portugués, sacó del castillo las artillerías y se preparó para hospital de sangre, el convento de los dominicos de la ciudad. En 1810, año tercero de la Guerra de Independencia , volvió el castillo a ponerse en estado de defensa, la dirección de las obras se encomendaron a Antonio Cearra, comandante de ingenieros militares. Este demolió las almenas del muro de once torreones dejándolos a la barbeta, condenó las troneras cerradas de cañón, levantó un terraplén interior con los escombros de las almenas, haciendo sobre ellos troneras abiertas. Condenó también la entrada que daba al pueblo desde el castillo, dejando sola la de oeste, aunque reformando su portada y los estribos del puente levadizo, e hizo construir un pequeño horno de pan cocer y una reducida ermita cerca de la puerta oeste, bajo la advocación de la Virgen del Carmen. El 19 Marzo del mismo año, las tropas de Napoleón, más que como plan de apoderarse de Chinchilla y de su castillo con el de hacer un reconocimiento, se situaron en el cerro de San Cristóbal.

          En la retirada de Andalucía del ejército de Soult, en Octubre del 1812, fue sitiado el castillo por tropas al mando del general de división Drouet, Conde de Erlon. Las tropas francesas se dieron cuenta de lo inútiles que resultaban los tiros desde el cerro San Blas contra la Torre del Homenaje pues resbalaban en los ángulos que su refuerzo macizo presentaba a la batería. El día siete continuaron el fuego, y fue en el muro, donde estaba la puerta condenada cuya mampostería no se había consolidado aún desde la obra de dos años antes, donde lograron abrir no sin disputa una brecha. El día ocho por la noche se levantó una tempestad con un gran aguacero y truenos, cayó un relámpago sobre la torre penetrando hasta el pabellón del gobernador Cearra, que le dejó gravemente herido, pasando el mando de la fortaleza a otro oficial, y a las ocho horas de la mañana del día nueve, capituló no sin recibir antes los sitiados, bastantes disparos, porque la bandera blanca enarbolada no se veía con la niebla.

          Apoderados así los franceses del castillo, volaron la Torre del Homenaje, destruyendo también el poco edificio que tenía de ermita. Después clavaron y rompieron los brazos a los cuatro cañones con los que estaba artillado el castillo y los precipitaron al foso . Las reformas del castillo continuaron a mediados del siglo XIX, los escombros de la torre los mandó retirar en 1821, el primer alcalde constitucional Pedro Cleto Cebrián, y después de nueve años sepultados los cañones se recuperaron, dos de estos son los que desde noviembre de 1829 están colocados de guarda-cantones a la entrada de la plaza principal por el arco de la Ciudad. En 1822, se restauró el castillo bajo la dirección de un subteniente de ingenieros de Cartagena, quien reparó nuevamente a barbeta el muro y construyó una tronera al noroeste. Se edificó dentro un cuartel en el extremo este, un edificio para pabellón del jefe del cuartel y otro para cocina, un horno de pan cocer y un almacén de víveres, habilitándose un pequeño receptáculo para municiones donde se encontraba la cisterna de la torre.

          El 1 de Julio de 1823, el castillo chinchillano contó con un reducido destacamento de milicia nacional activa, que se desplazó desde la provincia de Cuenca a la Mancha de Montearagón. La brigada carlista al mando de Bessieres entró en Albacete, el día 17 de Julio, llegando, su avanzada caballería en la madrugada del 18, hasta el Pozo de la Peña, apoderándose en aquella mañana del castillo. El castillo fue ocupado de nuevo sin hostilidades en 1823, por las tropas realistas al mando de Gregorio Bineros, tras el abandono de los constitucionales llevándose un obús, única pieza con que estuvo artillado. Repetidas veces se hicieron gestiones para que la Dirección General de Artillería, la declarase Plaza de Armas, pero el dictamen no fue favorable, así el carácter militar que de antiguo arrastra esta ciudad por su castillo y fortificación 'solo le ocasionó detrimentos y exposición aún mayores en tiempos de revueltas y guerras'.

          En la guerra civil a la muerte de Fernando VII, guerras carlistas, Chinchilla y su castillo fueron puntos estratégicos, por disposición del gobierno, siendo lugar de albergue y seguridad para muchas familias de los pueblos del llano. En 1836 se temía que los defensores de la causa carlista del Bajo Aragón y del Reino de Valencia, se extendieran hasta la provincia de Albacete, por la que ya realizaban numerosas correrías, se vio conveniente por parte del gobierno declarar a Chinchilla y su castillo, por Real Orden del 19 de Septiembre de 1836, en estado de defensa. Para ello se encomendó un proyecto para la reforma del castillo y murallas, por el capitán general de Valencia al ingeniero del ejército Tomás Enguidanos, y al teniente Francisco Sánchez, hijo del guerrillero de la guerra de Independencia llamado 'Francisquete'. Sería Sánchez quien llevó a cabo la dirección de las obras, en Abril de 1837, sus reformas convirtieron a Chinchilla en el punto de descanso y seguridad para los convoyes de Madrid a Valencia, Alicante y Cartagena, y refugio de muchas familias de la ribera del Júcar y Cuenca, que hasta 1839, tras el 'Abrazo de Vergara', pudieron regresar a sus hogares.

          Conserva completo el recinto principal, que fue utilizado como penal hasta no hace muchos años. Ya en 1840, se encontraba en poder del Ayuntamiento, quien lo dedicó a la custodia de presos, lazareto o sin utilidad alguna. Cuando esto último sucedía, los vecinos aprovechaban el agua de los aljibes y los pastos de sus ejidos, siendo el Ayuntamiento responsable de su conservación hasta 1897. En este año, ante la noticia de que la Dirección General de Penales proyectaba la construcción de una penitenciaria, se cedió al Estado, construyéndose el Penal de Chinchilla, en 1930, levantando los muros carcelarios sobre los restos de las murallas, y, destinándose a prisión hasta 1950. Finalmente, en 1963, a requerimiento del Ayuntamiento de la ciudad, fue desafectado del patrimonio del Estado y reivindicado de nuevo por el municipio.

          Descripción arquitectónico-artística. En Chinchilla de Montearagón se conjugan varias arquitecturas, que contrastan fuertemente entre si, dentro de un trazado urbanístico medieval y cerebraico a la manera musulmana. Este contraste se aprecia en una arquitectura popular (casas y cuevas), civil (casa del concejo y cárcel), religiosa (conventos de Santo Domingo y Santa Ana, Iglesia de San Julián, iglesia de Sta. María del Salvador), económica (pósitos y tercia) y militar (castillo y murallas). No podemos hablar ni describir aisladamente la fábrica del castillo, por estar íntimamente unida al resto de la arquitectura militar y defensiva que la misma ciudad refleja. Este gran complejo arquitectónico se encuentra formado por las murallas de carácter defensivo que recorren el perímetro de la antigua puebla, en algunos casos dispuestas de forma concéntrica, y con puertas de acceso a la ciudad, siendo todo este complejo cerrado, situándose desafiante la fortaleza en el cerro de San Blas. El entorno urbanístico del castillo o conjunto urbano, se encuentra situado en la falda del citado cerro donde va surgiendo su trazado, con sus calles estrechas y tortuosas, sin intención urbanística consciente.

          Las Murallas de forma irregular se adaptan al terreno, edificadas sobre planos de piedra casi escarpados y de una altura que oscila entre los tres y seis metros de profundidad al exterior. Su factura es de tapiera costreada con banqueta, técnica constructiva almohade, de cimbrado y tapial, de cal y canto con restos de carbonilla (escorias) y otros materiales. Tenía unidos a la misma, salientes al campo, 18 torreones o caballeros, para la defensa de sus lienzos entre los cincuenta y cien pasos, todos de argamasa de cal y sólidamente construidos, apreciándose algunos de estos caballeros en las cuevas del Agujero y en la Montera. En la parte de este a sur, existe una segunda línea de más de 340 metros de muralla, que partía desde las escaleras de 'Barri-cuenca', donde se encuentran los únicos restos de tres almenas almohades, lo que nos indica que todo el recinto amurallado era almenado como se aprecia en un dibujo de 1563 de Antón van der Wyngaerde; formando algunos ángulos que iban a cerrar con la primera línea por el 'Palomar', posee troneras de cañón, construidos con piedra de sillería. Antes de abrir las escaleras actuales, un arco apuntado de ladrillo facilitaba la entrada a dicho espacio, arco que todavía se puede contemplar al pie de las escaleras, en la misma calle de la Virgen de las Nieves. Fuera de la población, en su término, había también puntos avanzados de vigilancia y defensa principalmente por la parte del NE. a SW. Estas Atalayas estarían a media legua una de otra, con sus castillos y casas fuertes, donde se recogían los guardas, por ser esta tierra de grandes y continuas incursiones de moros de Granada, Murcia y Valencia, algunos quedan fuera de Chinchilla por la división de su término, así los Castillejos en Hoya Gonzalo, La Graja, y otros puntos de Alpera, Higueruela con sus restos del Castillo, el cerro de Maynetón en Fuenteálamo, el del Almorchón y Molino de Chinchilla, y en las sierras de Mercadillos y Hontalafia, en el término de Albacete, conocidos por la tradición oral con el nombre de 'obras del tiempo de los moros'.

          En el recinto amurallado se abrían las puertas de la ciudad, que en su origen fueron tres, la 'Herrada o de las torres', la de 'Albacete o del caño' y la 'Parrilla'. Posteriormente se abrieron la puerta de Diablos y Tiradores y la puerta Nueva o de la Libertad. También existían varios portillos en la cerca o muralla, que se abrían o cerraban según las necesidades del momento, como el llamado portillo del 'Agujero', en las actuales cuevas del mismo nombre. La Puerta Herrada, de estilo califal de finales del siglo X y principios del XI, era el principal acceso a la ciudad, y constaba de dos torreones, desembocando en la plaza, también de época medieval. Uno de los machones aún se mantiene en pie en la plaza de Pilar. La Puerta de Albacete o del caño, es una de las más antiguas, aparece mencionada antes del siglo XV, situada al oeste-noroeste, era un acceso trasero y difícil de la ciudad, aunque podían llegar los carros, mediante una rampa de mampostería que venía desde el Pilar Salobre o Baños, actual subida a la Montera. Se reaprovechó un acceso natural que ya en época romana ascendía desde el cercano pozo de Balazote o calzada romana. También se tenía acceso desde la Peña Rodelguera o 'zorrera', solo para caballerías. La Puerta Parrilla, mencionada ya en época de los Reyes Católicos, ubicada al sur-oeste, en los límites de la jurisdicción del castillo, de su rampa de mampostería todavía quedan restos y, aún siendo de difícil acceso, podían llegar incluso carruajes desde la ermita de San Antón. La Puerta de Diablos y Tiradores, de los siglos XIV-XV tiene un aspecto de fortín y vanos en saeteras, se accede por un arco de medio punto con una entrada acodada al núcleo habitado, con una rampa escalonada, que solo permite el acceso a personas y cabalgaduras. Por último, la Puerta de la Libertad o Nueva, situada en la actual calle de la Virgen de las Nieves, daba entrada por el muro a la plaza mayor, siendo la más moderna de todas las citadas, se abrió a mediados del siglo XIX, al parecer después de la invasión francesa. Por un portillo anexo que tenía a su izquierda, se accedía a Barricuenca, por las actuales escaleras excavadas en la roca. También existieron accesos más pequeños en la cerca o muralla, llamados portillos o postigos, que se abrían o cerraban según las necesidades del momento.

          El Castillo actual fue edificado por Juan Pacheco, su fábrica de tapiera costreada de mezcla de cal y canto envuelve los cimentos de piedra viva remozándolos, de planta poligonal con paños de sillarejo, zunchos y boceles decorativos de sillar, sobre los que se puede apreciar alguna tronera de ojo de llave. Su perímetro de 209 metros es protegido por un muro almenado y trece torreones o caballeros salientes y circulares con troneras de cañón cubiertas, en sillar y sillarejo, que originariamente serían más altas que las actuales. Esas cortinas encuadradas por grandes cubos o torreones cilíndricos bastante salientes permitían el tiro de flanqueo. Destaca el arco de entrada de medio punto adovelado y flanqueado por dos magníficos baluartes con cornisas y decoradas con sendos escudos del Marqués de Villena, Juan Pacheco.

          En su interior se construyeron dos aljibes, la torre del Homenaje, edificios para caballerizas y guarnición, un horno de pan cocer y otros edificios auxiliares, quedando en el centro el patio de armas, y por último circunvalando exteriormente a la fortaleza el foso. Uno de los aljibes, el mayor, excavado en piedra caliza y con boca de sillería rectangular cubierto con una rosca de ladrillo y con una capacidad de 10.206 pies cúbicos de agua de lluvia, estaba situado subterráneamente en el patio de armas; el otro, de menor capacidad se encontraba ubicado bajo la torre del homenaje. La Torre del Homenaje, la mayor de la región, que podría reconstruirse en su totalidad siguiendo los planos que se conservan del siglo XIX, dejando de mostrar ese perfil de fortaleza achatada, cuando el empaque visual que daría superaría al castillo de Almansa o a la torre vigía reconstruida casi desde sus cimientos del castillo de Alcalá del Júcar. Situada en el extremo N. del recinto del castillo se construyó en piedra de sillería, de planta cuadrada de más de 40 varas de altura (33'3 metros) y sobre 10 varas (8'34 metros) de lado por su ángulo norte, con un refuerzo macizo de 4 varas (3 metros ) en el ángulo norte, que la preservaba de los proyectiles, haciéndola resbaladiza a la derecha e izquierda para que no la penetrasen como se demostró en 1812. Estaba compuesta de dos estancias superpuestas y una terraza almenada con matacanes, presentando en su exterior refuerzos macizos y una estructura sobrepuesta esquinada, lo que le hacía presentar diez lados y seis esquinas o ángulos a la parte sur. El acceso se

 

   


   



   


   


   


   


   


   


   


   


   


   


   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   

   

   

   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
   

   
 
 

realizaba por una escalera exterior hasta el piso principal llegando a la "Sala de los Secretos", así llamada por el efecto acústico de su bóveda gótica con nervaduras, porque aplicado el oído en cualquiera de sus rincones se oían con claridad las palabras pronunciadas en voz baja en la abertura del ángulo opuesto. Sobre esta, otro aposento al parecer con bóveda de cañón al que se accedía por una escalera desde la mencionada 'Sala de los Secretos', y por dentro de este segundo cuerpo de edificio seguía la escalera hasta la terraza, que con barbacana almenada y matacanes aparecía como cubierta, cuyas aguas de lluvia bajaban encañadas a la cisterna o aljibe.

          Tras la destrucción de la misma, durante la Guerra de Independencia, se reconstruyó el castillo, bajo la dirección del oficial de ingenieros, sr. Herrera, quien construyó troneras para cañones, y mirando al norte, alzó un edificio cuartel y otros destinados a almacén, cocina y horno de pan cocer. También adecuó el aljibe de la antigua torre del Homenaje, para almacén de pólvora. El foso, excavado a fuerza de pico en roca caliza con escarpa y contraescarpón, se mantiene completo y sorprende por su anchura de diez metros y una profundidad de más de 20 varas de ancho por arriba, y una o dos varas por debajo con una profundidad de al menos 6 metros, y sobre 25 metros de profundidad desde el glacis o piso del castillo "roquero", dándole un carácter inexpugnable. Bordea la redonda de todo el castillo y se cruzaba por dos puentes de madera. En su entorno hay varios restos de garitas construidas durante las guerras carlistas, y cuando fue penal. Sería muy interesante recuperar el foso como un marco escénico inusual, pero a la vez muy original para los Festivales de Teatro Ciudad de Chinchilla. Desde aquí hacemos un llamamiento al Cultural Albacete y Ayuntamiento de Chinchilla, para que sea tenido en cuenta.

          Entradas, tenía dos con puente levadizo, una al NE., por la que se entraba desde la ciudad cuyo puente descansaba sobre un pilar muy grueso ubicado en el centro del foso, el final de este puente era levadizo desde el pilar a la entrada. La otra entrada al W., por la que se podía entrar desde el campo subiendo por el camino que servía para uso de la 'Puerta Parrilla' (es la que se ve desde la autovía), era acodada y con matacán, en sus ménsulas apoya el arco de medio punto que forma el vano de entrada y bajo éste la puerta de entrada remarcada con sillar y dovelas también de medio punto, siendo el resto del paño de sillarejo. El nombre de prisión superó al de fortaleza, en toda la comarca y en toda España, fue famoso el lugar, no por lo que defendió, sino por lo que encerró, no por no dejar entrar, sino por no dejar salir, misión que empleó incluso durante la guerra civil española.

          Como conclusión a este estudio solo nos queda añadir que la recuperación total del castillo, Torre del Homenaje y entorno, sería posible. El Ayuntamiento de Chinchilla de Montearagón ya ha mostrado su interés por tal proyecto de restauración; proyecto que si fuese apoyado por otros organismos e instituciones podría dar sus frutos con la inclusión de este inigualable marco en la red de paradores, algo que repercutiría no solo en la consolidación económica y cultural de nuestra ciudad sino también de su hermana, la capital, Albacete.

            Plácida V. Ballesteros Campos y Joaquín Molina Cantos

Bibliografía
BALLESTEROS CAMPOS, Plácida V./ MOLINA CANTOS, Joaquín: "Chinchilla de Montearagón. Su encanto y su duende", Nº Regtº. Propiedad Intelectual AB-493, de 14-Agosto-1997. ISBN: 84-607-0831-4. D.L. AB-334/2000.
BALLESTEROS CAMPOS, Plácida V./ MOLINA CANTOS, Joaquín: Una aproximación al catálogo y galería de personajes ilustres, relevantes, anecdóticos y populares de Chinchilla de Montearagón. Nº Regtº. Prop. Intelect. AB-494, 14-Agosto-1997: [WYNGAERDE, Antón Van del. 1563. Dibujante y plumillista que visitó Chinchilla de Montearagón, realizando varias panorámicas y vistas de esta ciudad, como de otras tantas española, por encargo del S.M. Don Felipe II]. KAGAN, R.J. (dir.): "Ciudades españolas del siglo de oro. Las vistas españolas de Antón van der Wyngaerde", Madrid, 1986.
CEBRIÁN MARTÍNEZ DE SALAS, Pedro: Memoria sobre la Antigüedad de Chinchilla, su carácter militar e hijos célebres de la misma bajo tal concepto, ejemplar en fotocop., Albacete, 1884.
DÍAZ.-PLAJA, Fernando: "Los castillos de España y sus fantasmas", Edit. Maeva, Madrid, 1986, pág. 186, nos dice: También el Castillo de Chinchilla fue, antes cárcel. El más famoso de sus muchos presos, traído a España por el Gran Capitán, fue César Borgia.
DUARTE UBALDE DE AOSTEGUI, Juan / ANDÚJAR, Aparicio / SOLER, Leandro: Historia topográfica de la Muy Noble, Leal y Antigua Ciudad de Chinchilla y pueblos de su circunferencia, Año 1778, tomo 2º, 132 páginas, folio 3 = nota marginal; Manuscrito inédito.
ESPINALT GARCÍA, Bernardo: Atlante español. Reino de Murcia. 1778. Facsímil Academia Alfonso X el Sabio, Murcia, 1981.
RUIBAL RODRÍGUEZ, Amador: Castillos de Iberia: Castillos de Albacete, Archivo Edit. Lancia, León, 1994.