Algarabía Teatro presenta su última producción, 'El médico de su honra', basada en un texto de Calderón de la Barca. Isidro Rodríguez dirige esta nueva versión del libreto del reputado dramaturgo, objeto de adaptación de Mauro Armiño. Teatro del Siglo de Oro nacional, 'El médico de su honra' se estrenó en 1635, primera avanzadilla de la trilogía sobre el honor que compuso Calderón de la Barca y de la que también formaban parte 'A secreto agravio, secreta venganza' y 'El pintor de su deshonra'.

 
       
La dignidad y el poder son dos de los ejes básicos sobre los que se articula la representación. Algarabía ha tratado de acercar al espectador los entresijos de una de las obras más representativas del teatro de Calderón, plagado de temas atemporales y contemporáneos. En 'El médico de su honra' el autor trata de demostrar la inutilidad del poder cuando se ejerce olvidando la dignidad de las personas e incluso aborda la temática de la violencia de género.

       El argumento sitúa a Doña Mencía en el centro de la representación. No corresponde al apasionado amor que siente por ella el hermano del Rey. Es entregada en matrimonio a Don Gutierre. El regreso del infante colocará a todos los personajes en el disparadero, en una rueda de vida y muerte impulsada por la locura de los celos.

        Algarabía Teatro ha contado para la puesta en escena con la colaboración de un cuerpo de música y baile, formado por Lola Maya (bailaora), Melchor Chico de Mairena (guitarra) y Juan Antonio Suárez (percusión). En el reparto figuran Víctor Criado, Amalia Hornero, Moncho Sánchez-Diezma, Borja Rodríguez, David Bueno, Darío Galo, Susana Sucena, Daiana Vozmediano y Lola Rivas.

       Hay en EL MéDICO DE SU HONRA , más que suficientes atractivos que impulsan a su desarrollo creativo para mostrarlos en la escena.
El primer impulso llega desde la contundencia dramatúrgica del autor y que se empareja en interés con la situación que plantea el conflicto. Claro y directo.
Las posibilidades de investigación, de trabajo de creación, de texto y subtexto, vistos con los ojos de ahora, con la oportunidad de poder contar y ofrecer, en plena libertad, una propuesta personal, son infinitas. No es preciso actualizar, Calderón es clásico porque es actual. Los ilimitados márgenes del poder, el honor por encima de la dignidad, quién determina dónde empieza y concluye el mismo; la vida y la muerte en un vaivén continuo impulsado por el terrible proceso de los celos. El azar que distribuye y, en definitiva, dirige el destino. Y el sur como latido y una época cercana, un siglo más atrás, y atardeceres en la mayor anchura del Guadalquivir para romper los límites de la caja escénica a golpe del bordón o la prima de una guitarra; romper paredes de la primera a la cuarta y fundir emociones, ojo en ojo, piel con piel y aliento con aliento.
Encerrados por propia voluntad en el templo, los unos y los otros, en una liturgia que nos proyecte al interior del drama tan tremendo que el autor nos ofrece para que nos impulse al trasiego diario con otra sensación, la de haber compartido algo que nos circunda en lo cotidiano: la inutilidad del poder cuando se ejerce olvidando la dignidad de las personas y se marca dónde empiezan y terminan las causas con intereses personales y, sin duda, espúreos.
Isidro Rodríguez Gallardo
Director de escena