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"La
obra original
se ha corrompido
mucho en sus distintas
evoluciones -comenta
Héctor Bayona,
asistente de del
montaje-. Ricardo
la depuró, eliminó
personajes episódicos
e intercaló textos
de un soneto de
Lope de Vega,
conservando el
verso, el sentido
y la estructura
de la obra".
De los 2.840 versos
que tiene esta
obra insignia
del teatro español
del siglo XVII,
se suprimieron
959. Un arduo
proceso del cual
salió a escena
un Burlador motorizado
y muy moderno
que, según Bayona,
pretende generar
reflexión sobre
los Don Juanes
de nuestra época.
Don Juan es un
trasgresor por
principio, un
hombre que pasa
por encima de
todo. No le importa
meterse con la
religión, la moral,
la ética, el amor
o con la estructura
jerárquica de
la sociedad. "Esto
-explica Bayona-
lo hace casi un
blasfemo, pues
hace referencia
constante a imágenes
de la tradición
cristiana que
pueden hacer ver
la obra audaz
a los ojos de
muchos. Sin embargo,
este montaje no
es chocante o
molesto, sino
lleno de humor
y sarcasmo, con
una puesta en
escena muy atractiva
y fluida".
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Mas
comentarios sobre la
obra: (texto del programa
del Festival)
Los orígenes de El burlador
de Sevilla parecen remontarse
a algunos romances leoneses
cuyo protagonista, un
joven descreído, se
atreve a invitar a cenar
a una calavera y recibe
un escarmiento sobrenatural.
De esta leyenda se conservan:
la transgresión y el
castigo. Pero se añade
un argumento riquísimo
en peripecias antes
de llegar a este colofón.
Don Gonzalo de Ulloa,
el convidado en esta
ocasión, no es un muerto
cualquiera, irrelevante
en la trama argumental:
su hija Ana de Ulloa
ha estado apunto de
ser violada por don
Juan Tenorio y él saldrá
a escena desenvainando
el acero para interponerse
entre ella y el insolente
que ha pretendido burlarla.
En este pulso, el viejo
es vencido por el joven.
Pero antes de expirar
jura vengarse y logra
dejar sin cumplimiento,
por primera vez en toda
la obra, una hazaña
erótica de don Juan.
Ahí, en ese segundo
pulso más sutil e inaprensible,
el muerto ha vencido
al VIVO.
A partir de esta escena,
se inicia el declive
del protagonista, hasta
ahora seguro de su buena
estrella. Precisamente
el talento de Tirso
de Molina culmina en
ese punto, donde se
aunan el primer fallo
de don Juan como conquistador
y su primer crimen de
sangre, que pondrá los
cimientos para la venganza
divina.
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