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Clemente
y Clara
son
dos
jóvenes
aventureros
que
utilizan
su poder
de seducción
para
sobrevivir
y para
divertirse
en el
ambiente
urbano
y picaresco
de un
Madrid
poblado
de buscavidas,
fanfarrones,
cómicos,
ganapanes,
terratenientes
y damas
honestas
y aburridas
deseosas
de emociones
fuertes.
La arrolladora
capacidad
de seducir
y la
mentira
creíble
serán
sus
armas
poderosas.
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Si en
don
Clemente
vemos
un galán
de buena
familia
venido
a menos,
habilidoso
y mujeriego,
sentimental
y vividor,
en doña
Clara
encontramos
una
mujer
moderna,
quizá
un antecedente
único
en la
historia
de la
literatura
dramática
del
Siglo
de Oro
español,
una
mujer
de hoy
que,
sin
complejos,
decide
su vida
sexual,
la orienta
y practica
abiertamente
con
los
hombres
que
seduce
sin
doble
moral,
con
la intención
de procurarse
una
forma
de vida
a cambio
de determinados
"favores"
con
los
diferentes
amantes,
para
el "gasto"
que
no es
otro
que
don
Clemente.
Solos
y en
la intimidad,
como
modélicos
amantes,
don
Clemente
y doña
Clara
satisfacen
juntos
el "gusto".
Por
separado
y en
secreto,
como
no podía
ser
de otra
manera,
también
satisfacen
a sus
amantes
del
"gasto".
Hasta
aquí
todo
bien.
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El enredo empieza
cuando don Clemente
y doña Clara
descubren que
ninguno de los
dos es amante
único para el
otro. Toda la
libertad y toda
la independencia
se transforman
en celos y unas
enormes ganas
de venganza.
Pero, ¿de qué
se van a vengar,
si son tal para
cual ? En un
clima de frenética
e histriónica
revancha se
cierra el círculo
de la sempiterna
guerra de sexos
que forman la
mentira, los
enredos, la
vanidad y las
apariencias.
Mientras, los
criados Cartilla
y Marichispa,
incólumes, espectadores
privilegiados
y cómplices
al mismo tiempo,
observarán el
estropicio,
y sacarán sus
propias conclusiones:
"Y pues todos
son traidores,
y pues salen falsos
todos, ABRID EL
OJO, señoras,
señores, ABRID
EL OJO."
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